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Entrelazando la memoria: "Mientras no llegue el olvido: escrituras sobre el exilio de Luis Enrique Délano, Tununa Mercado y Saúl Ibargoyen" de Marcela Zárate Fernández

 


ZÁRATE FERNÁNDEZ, Marcela, Mientras no llegue el olvido: escrituras sobre el exilio de Luis Enrique Délano, Tununa Mercado. México, Ediciones Eón, 2016.

Comenzar a leer Mientras no llegue el olvido fue para mí ir repasando referencias culturales, libros, canciones que me significan porque han ido llegando a mi vida en diferentes momentos: la Maga y Oliveira, “Gracias a la vida”, la gente saliendo a las calles para apoyar a Allende. La canción de protesta se nos aparece al inicio de este libro como el primer gran indicio en el campo de arte, del espíritu de resistencia latinoamericano en las últimas décadas, resistencia que ha significado enfrentarse y sobreponerse a la explotación, al despojo, a la violencia extrema representada por las dictaduras militares y también al exilio.

Si bien la migración es un destino de la humanidad desde sus orígenes y con certeza podemos decir que lo seguirá siendo, la naturaleza del exilio es distinta a la del viaje voluntario: es un desgarramiento profundo. Diáspora, destierro, desplazados, refugiados son palabras que conforman una constelación donde esta rasgadura es central; aunque cada una de ellas revista características específicas, diferencias de contexto, en el fondo lo que siempre está presente es el hecho de que se sale de la tierra de pertenencia forzadamente por razones políticas y las más de las veces bajo la amenaza constante de muerte o de desaparición, y como bien lo señala Marcela Zárate, se abandona no nada más el espacio físico sino toda una serie de afectos, amigos, familia, experiencias, oficios, lugares que han adquirido significación a través de lo que allí aconteció. Se sale bruscamente de este universo amado, donde a la vez se ha luchado para hacer que las cosas sean mejores, y no se tienen posibilidades, al menos no cercanas, de volver. Se pierde entonces todo lo construido, todo lo conocido.

El libro de Marcela tiene como punto de partida el paralelismo que hay entre este viaje forzado que es el exilio, en su forma material y en el caso preciso de las dictaduras chilena, argentina y uruguaya, y la manera en que la travesía se consigna en el arte, y más específicamente en la escritura. ¿Por qué escribir sobre y desde el exilio? Ante todo porque los que se van necesitan, para mantenerse a flote, recordar lo que han dejado. Sin embargo, esta necesidad inmediata se va complejizando y va cobrando múltiples matices conforme vamos recorriendo los textos de diversos escritores latinoamericanos. El primer problema que se presenta es discernir qué es lo que se debe recordar: como sabemos, es imposible para la mente humana recordar absolutamente todo, con lo cual nuestros recuerdos se forjan a través de una selectividad que tiene que ver con las emociones, con las cosas que nos importan y que nos gustan, pero también con las cosas que nos han hecho daño; aun así, no resulta factible que el escritor apunte absolutamente todas sus memorias, no sólo por la dificultad que ello implica, también porque aparte del deseo de plasmar su situación en el mundo, debe construir el texto como una obra estética.

Marcela nos recuerda entonces el concepto de memoria ejemplar creado por Todorov: el entrecruzamiento inevitable entre memoria y olvido, puede dar lugar, si lo queremos y nos afanamos en ello, a que los recuerdos conservados no sean usados para justificar los abusos y masacres del pasado, sino para comprender lo sucedido y así encontrar alternativas de acción y de justicia para el presente. Es precisamente esta memoria ejemplar la que atraviesa los estadios del exilio que la autora identifica en el peregrinaje al tiempo literario y político que siguen los tres escritores de los que se ocupa: uno, la génesis, inicio del viaje o primer y mayor desgarramiento, separación del país; dos, las nuevas realidades, la llegada a un país distinto y la consecutiva adaptación, o no, a éste; tres, el país de la memoria, el recuento de amores y sucesos que han quedado en el lugar de origen, el instante de los recuerdos; cuatro, el reexilio, oportunidad de retorno al país, que no llega para todos, y que no será tampoco lo que se esperaba, pues todo ha seguido cambiando y los seres amados muchas veces ya no están; y cinco, la ruptura o el reconocimiento de que nunca se recuperará este tan anhelado país de la memoria. La reconciliación con el pasado irrecuperable y con el dolor de las pérdidas humanas se hace posible entonces a través de estos estadios gracias a la memoria ejemplar de la que autores chilenos, argentinos y uruguayos hacen uso al escribir sobre su exilio.

Muchos chilenos abandonaron el país cuando el golpe de Pinochet. Paradójicamente, años antes de que Allende ganara democráticamente las elecciones, Violeta Parra cantaba: "Yo que me encuentro tan lejos / esperando una noticia / me viene a decir la carta / que en mi patria no hay justicia...". Al exiliado de cualquier latitud le consume el ansia por tener noticias del país que vive en su memoria. Aunque no ha llevado consigo casa ni objetos, lo que sí puede llevar son sus conocimientos, sus lecturas y todas esas referencias culturales a las que yo me refería al principio, referencias que vamos acumulando cariñosamente con el paso de los años, y que nos hacen ser quienes somos y creer en lo que creemos. El latinoamericano que va al exilio busca compartir de nuevo esos referentes y reconstituir, por así decirlo, una patria ideológica, de la que deben ser parte por supuesto las utopías de la izquierda tanto como las luchas presentes y pasadas. El escritor chileno Luis Enrique Délano, en su novela autobiográfica Las veladas del exilio, da cuenta de los encuentros entre intelectuales, artistas y revolucionarios exiliados de distintos países en la Ciudad de México. Una casa en la colonia Condesa, el café Colima y la Casa de Chile dieron cobijo a reuniones llenas de nostalgia y del deseo de seguir organizando desde la distancia la resistencia; allí se forjaron proyectos culturales y se trabajó por hacer comunidad. La obra de Délano, nos dice Marcela, representa un esfuerzo por recuperar la cotidianeidad, que el régimen militar arrebataba, despojando de la dignidad más simple a las personas. La reparación de las amistades ideológicas, como elementos de adaptación a las nuevas realidades, es en ese sentido, fundamental.


Casa de Chile en México,. Calle Mercaderes, No. 52. Imagen de Archivo,1992.


Para los argentinos fue la llegada de la dictadura de Videla la que cambió radicalmente al país. Víctor Jara, que había cantado “A desalambrar” para todos los desposeídos, terminó su vida tocando con los dedos sangrantes y deshechos para sus torturadores al inicio del régimen. La escritora Tununa Mercado, que había salido exiliada hacia México junto a su esposo, el crítico Noe Jitrik, recurrió en primer término a otras figuras femeninas para tratar de comprender la nueva cultura a la que se enfrentaba; el descubrimiento del pasado indígena mexicano y de su pervivencia en las luchas actuales, le hicieron interesarse, por ejemplo, en la figura de la comandanta Ramona del EZLN. Más tarde, al tratar de reconstruir los recuerdos de su país, Mercado escribe el libro de relatos En estado de memoria, en el que la enfermedad mental de los personajes femeninos se muestra como un reflejo del autoritarismo y la represión ejercida por los militares: en tanto ellos insistían en “curar” violentamente a la sociedad, los cuerpos y las mentes de las mujeres insistían en permanecer enfermas. Hay en los relatos de Mercado, señala Marcela, una voluntad de superar el dolor, una especie de exorcismo que abre una puerta hacia la reconciliación entre el destierro y el retorno a Argentina.

Finalmente, en Mientras no llegue el olvido, Marcela vuelve la vista hacia el Uruguay y la dictadura de Demicheli. Los famosos versos de Benedetti, "te quiero en mi paraíso / es decir que en mi país / la gente viva feliz / aunque no tenga permiso", muestran el anhelo de reparación y de restauración de las libertades que fue sentir común entre los escritores del exilio. En la obra de Saúl Ibargoyen está presente la idea de que la identidad es siempre fronteriza y fluctuante, idea que se forma durante sus años de profesor en la frontera con Brasil y que se relaciones con su concepción de los lugares de la memoria, que Ibargoyen entiende "como espacios donde confluyen historias y existen relaciones estrechas entre pasado, presente y futuro. En Sangre en el sur, Ibargoyen muestra el estadio de la ruptura cuando liga su estancia en México y su posterior retorno al Uruguay, en el que decide no quedarse, al aceptar que una vez que comienza, el exilio es permanente; retornar al país de acogida y optar por quedarse allí, implica reconocer que la patria es el lugar donde uno se siente cómodo y rodeado por personas que estima, y que es también el lugar, no necesariamente fijo, sino siempre móvil, donde la lucha contra el fascismo y los ideales se continúan. 

Para terminar, quiero destacar una cuestión que Marcela menciona en su libro y que me parece importantísima cuando se habla de literatura del exilio español o hispanoamericano: la recurrencia de México como destino exiliar. Esto es porque a lo largo del siglo XX, nuestro país estuvo abierto a recibir exiliados políticos provenientes de todas las luchas de izquierda. Esta apertura, que creo debemos reconocer como generosidad, tuvo a su vez recompensa en el inmenso legado artístico, intelectual y educativo que esos exiliados nos dejaron. Nuestras instituciones culturales, nuestra formación universitaria y nuestro pensamiento crítico se alimentan de dicho legado. Es por eso que en estos tiempos, cuando la educación y las universidades públicas se ven constantemente amenazadas por intereses muy particulares, y cuando el racismo tunde nuestra cultura, como lo constatan las matanzas, la trata y la desaparición constante de migrantes centroamericanos en territorio nacional, es cuando más deberíamos recurrir a esa memoria ejemplar de la que nos habla Todorov, y leer, releer, pensar y analizar las obras de los exiliados, así como lo hace Marcela Zárate en este libro, que les invito a leer y a disfrutar.


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